30.4.10

The Greek debt crisis may be turning into a European Central Bank crisis.









As the European Central Bank (ECB) continues to loan money to keep Greece afloat, the ECB's exposure to the failing economy also grows, threatening potentially backbreaking losses if Greece declares bankruptcy. This is a looming concern as Germany lawmakers continue to balk at a bailout.

The extent of the financial assistance needed by Greece – with Spain and Portugal, both of which also saw their debt downgraded this week, now in similar positions – is placing unsustainable stress on the ECB, says Desmond Lachman, a former managing director at Salomon Smith Barney and current fellow at the American Enterprise Institute.

“What this has now become is a European Central Banking crisis,” says Mr. Lachman. “The main concern of [EU negotiators] is keeping this crisis from affecting the ECB, and whether continued default [in Spain and Portugal] would affect the bank.”

The ECB already holds tens of billions of dollars in Greek bonds. As it now stands, Greece will not be able to repay the bank for these bonds, let alone the bonds that the ECB continues to buy from Greece to keep it afloat as bailout negotiations continue. This is also the case with Spanish and Portuguese bonds, which the bank also holds.

The ECB has not commented on its exposure to these bonds. Governing Council member Axel Weber said Thursday that the impact of a Greek default would be "incalculable."

Concerns Grow That Greece Debt Crisis Could Overstress European Bank


Sensibilidade e Bom Senso










Sócrates admite não saber o impacto da redução do subsídio de desemprego

De Argentina a Grecia pasando por Wall Street



Mientras Standard & Poors condenaba a Grecia y Portugal a la ira de los inversores, los ejecutivos de Goldman Sachs -uno de las entidades implicadas en la crisis de las hipotecas subprime y en el endeudamiento griego- se defendían de las acusaciones de los senadores estadounidenses en audiencia pública y televisada. El mismo día la Corte Suprema argentinaanulaba el indulto concedido por Carlos Menem a quien había sido ministro de economía durante la dictadura argentina, José Alfredo Martínez de Hoz, en relación acon la causa por el secuestro de un empresario textil y su hijo durante su mandato.

Martínez de Hoz simboliza el inicio de las políticas neoliberales en Argentina. Bajo su mandato se decretó el congelamiento de los salarios, se liberalizó el sistema de crédito y el Estado asumió la deuda privada frente a los bancos, dando inicio a la explosión de la deuda externa en aquel país. Quien le indultó, Carlos Menem, dio un nuevo impulso a esta política a través de las privatizaciones y la vinculación del peso argentino con el dólar, con el apoyo entusiasta de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y entidades financieras extranjeras como Goldman Sachs, Citibank, o los españoles Santander y BBVA. El tipo de cambio con el dólar (la famosa "convertibilidad" del 1 a 1) pudo sostenerse únicamente gracias a un creciente endeudamiento externo, que acabó produciendo un nivel insostenible de deuda pública.En esas circunstancias, la economía argentina era muy vulnerable a los choques externos, como se vio tras la crisis asiática de 1997-98. En 1998 comienza una recesión que duraría hasta el segundo semestre de 2002, durante la cual la economía perdió el 20 % del PIB y la tasa de pobreza se duplicó (pasando del 18 % al 42 % del total de hogares argentinos). En ese momento, el sistema de convertibilidad se convirtió en una "camisa de fuerza" que, como sucede con el euro y Grecia, impedía emplear la política monetaria para superar la crisis. Los gobiernos que se sucedieron en ese momento, junto con el FMI, resolvieron que sólo aplicando duras políticas de ajuste fiscal -como las que ahora Alemania exige para Grecia- podría resolverse la crisis económica. El resultado es conocido por todos: los recortes en el gasto no permitieron recuperar la "confianza de los mercados" y estimularon una revuelta social que culminaría en el "que se vayan todos" de diciembre de 2001. Finalmente, se abandonó el sistema de la convertibilidad cambiaria y Argentina declaró el "default", la cesación de los pagos de la deuda. Los mismos analistas que alentaron las políticas neoliberales de los noventa auguraron entonces una catástrofe para el país como consecuencia del impago de la deuda. Los hechos desmintieron estos augurios y los inversores tuvieron que aceptar lamayor reestructuración de deuda de la historia financiera.

Algunos nombres que protagonizaron el descalabro argentino (Goldman Sachs, el FMI) vuelven a aparecer en otro crimen anunciado. En Página 12 recuerdan los parecidos entre el caso argentino y el griego:

"La similitudes con la situación argentina abundan. Economías atadas a una moneda fuerte, con una inflación acumulada que derivó en pérdida de competitividad. En el caso griego, se estima que la desventaja de las empresas por vía cambiaria llega al 30 por ciento. Otras características comunes son el alto endeudamiento como porción del PBI, el deterioro fiscal y la brecha externa negativa, aunque en la comparación los números macroeconómicos griegos resultan en general bastante peores. Ambos modelos se identifican con la “represión cambiaria” y liberalización financiera, políticas impulsadas por los organismos internacionales de crédito."

La gran diferencia con Argentina es que Grecia, Portugal y España forman parte de la eurozona y de la Unión Europea. Sus economías están estrechamente vinculadas con el resto de estados miembros, y singularmente con Alemania, cuya patronal se ha aprovechado en los años anteriores de un superávit comercial que pudiera compensar el congelamiento de los salarios de sus trabajadores. Los gobiernos europeos podrían haber reaccionado mostrando algo de lucidez política estableciendo mecanismos reales de solidaridad, en lugar de derrochar mezquindad y cortedad de miras. Al haber descartado por el momento una imposición común de las transacciones financieras o de las entidades bancarias, los gobiernos europeos continuarán endeudándose a un coste cada vez más alto y poniendo énfasis en recortar el gasto.En esta revancha neoliberal, banqueros e inversores están presionando -con éxito- para que el previsible estallido de la burbuja de la deuda soberana la paguen los trabajadores y ciudadanos europeos. El Financial Times ayer explicaba el chantaje de manera brutal:

"El problema es simple. Los enormes déficits presupuestarios que resultan de la crisis financiera han puesto la deuda pública en una trayectoria insostenible y cada vez hay más dudas de que exista voluntad política para tragarse la amarga medicina."

Como he comentado en otra ocasión, éste es el motivo del "castigo" a Grecia. Existe la preocupación de que la movilización ciudadana impida que los gobiernos adopten las "medidas necesarias". Si en el resto de Europa por ahora el miedo vence a la indignación, en Grecia cada vez hay más muestras de rechazo al ajuste. De continuar la espiral del encarecimiento de la deuda es muy probable que el gobierno acabe anunciando la cesación de pagos e incluso la salida de la zona euro. Es decir, que finalmente se reproduzca lo que sucedió en Argentina, pero amplificado.

La actual depresión es el principio de una historia conflictiva, compleja e incierta. Más nos vale que los árboles nos dejen ver el bosque.

Regular la desregulación



¿Cómo explicar que los ilimitados recursos de los lobbies sanitario y farmacéutico hayan conseguido volcar a vastos sectores de la opinión pública contra la reforma de salud propuesta por Obama y no hayan logrado evitar su aprobación y promulgación? ¿Qué explica que los grupos de presión de las instituciones bancarias y financieras, igual o aun más agresivos, estén consiguiendo –a juzgar por el voto de rechazo del Senado– demorar una reforma con tan amplio apoyo popular para revolucionar la regulación de esas instituciones? ¿A qué obedece que la gobernadora de Arizona promulgue una ley contraria a principios constitucionales, prácticas de respeto a las libertades básicas e intereses comerciales y económicos identificables sin dificultad? Parece que el elemento central que unifica a los responsables es la convicción de que su conducta los ayudará a ser electos o relectos o a conseguir que prevalezcan sus posiciones e intereses en los comicios federales de medio término o en los estatales de Arizona.

Las elecciones legislativas venideras están siendo convertidas en una suerte de referendo sobre Obama. No sólo sobre sus políticas y propuestas, sino sobre su mandato mismo, sobre su condición de primer presidente afrodescendiente. Quien halle exagerada esta apreciación debería sopesar tono y contenido de gran número de pronunciamientos provenientes de grupos lunáticos, que infectan a ciertas corrientes de opinión convencionales del sector conservador. Ésta es una razón incidental, pero importante que aumenta la trascendencia de que Obama consiga la reforma de la regulación bancaria y financiera que ha propuesto, sumida por el momento en las arenas movedizas del filibusterismo republicano. ¿Cuál es la probabilidad de que esto ocurra: de que se apruebe un conjunto de disposiciones que han sido negociadas, de manera acuciosa, entre los dos partidos y que ahora equivalen a poco más que un acuerdo para regular la desregulación?

El rechazo a iniciar el debate formal de la reforma produjo una declaración relampagueante de Obama. Tras hacer notar la unanimidad de la posición republicana –partido del que desaparecen los matices– y señalar dos motivaciones –la obstrucción como estrategia política y el deseo de volver a negociar para dar otra oportunidad al lobby bancario-financiero de mutilar o liquidar la reforma–, recordó que fue la falta de protección a los consumidores [de servicios financieros] y la nula rendición de cuentas de Wall Street, lo que puso de rodillas a la economía y condujo a los problemas que dejaron a millones de ciudadanos sin empleo y sin hogar. Repetir estos comportamientos es lo que la reforma trata de evitar.

Se coincide en considerar que los tres elementos básicos de la propuesta aluden a esas cuestiones: establecer instituciones o marcos legislativos que, a) protejan a los consumidores de productos financieros de las ofertas de bonos basura o instrumentos similares diseñados para canalizar las ganancias de su comercialización a las instituciones emisoras, con pérdida para los inversionistas; b) hacer responsables a las propias instituciones financieras de los costos asociados a las operaciones de rescate, financiadas por los causantes; y c) regular con gran rigor la emisión y mercadeo de derivados financieros, vedando a los bancos, que gozan de seguros públicos, de incurrir en estas acciones especulativas de alto riesgo.

Cuestiones de este orden están siendo investigadas en la demanda por fraude planteada por la Comisión de Valores y Bolsas contra Goldman Sachs, esa especie de santa sede del mundo financiero. Se ha señalado que la corredora colocó valores que sabía producirían pérdidas, al tiempo que invirtió en instrumentos que ganarían en la medida en que los primeros perdiesen. La complicada declaración que el papa Blankfein produjo, ante el comité investigador del Congreso el 27 de abril, para justificar este tipo de acciones, tuvo un tono fatalista: “corresponde a la naturaleza de las operaciones de desarrollo de mercados (market making) que Goldman quede del otro lado de las apuestas de sus clientes”, dijo. No otra cosa habría dicho el gerente de un casino: corresponde a la naturaleza de este negocio que la casa esté del otro lado de las apuestas de los jugadores. (Las detalladas crónicas de estas audiencias publicadas por el New York Times constituyen una de las lecturas más entretenidas y edificantes de la temporada.)

Para –usando una expresión en inglés puesta de moda en México– quitarle dientes a la propuesta de regulación financiera de Obama, los capitanes de la industria y sus validos republicanos en el Congreso pretenden restringir el campo de acción de la nueva agencia de protección de los consumidores de productos financieros; se oponen a la creación de un fondo, de 50 mil millones de dólares, integrado con contribuciones de los bancos y financieras, que permita que no sean los causantes quienes paguen el costo total de las acciones de rescate, y objetan que se construya una muralla Volcker entre los bancos, cuyos depositantes gozan de seguros de depósito financiados por los contribuyentes, y la emisión y manejo de derivados y otros instrumentos complejos, de alto riesgo, no por cuenta de los clientes, sino en beneficio de las instituciones.

Por fortuna, el presidente Obama ha trazado tres líneas rojas muy claras, al declarar que no está dispuesto a promulgar disposiciones regulatorias que no incluyan mecanismos efectivos y suficientes de protección de los consumidores de servicios financieros; que no retiren de la espalda de los causantes el fardo de eventuales nuevas operaciones de rescate financiero, y que no introduzcan orden en la emisión y comercio de derivados. (Entre paréntesis, varios de estos elementos se antojan, mutatis mutandis, como muy convenientes para el mercado bancario y financiero de México.) En otras palabras, Obama quiere establecer una regulación efectiva y suficiente y no se contenta con limitarse a regular la desregulación.

Regular la desregulación

Jorge Eduardo Navarrete


Nos gobiernan los mercados

Para que el gobierno español o el de cualquiera de nuestras comunidades autónomas pueda hacer frente a la crisis económica tratando de evitar que se deteriore aún más el bienestar social, o simplemente para evitar que se deteriore aún más la economía, habrá de aumentar el gasto público social y, para ello, tendrá que endeudarse. No siempre había ocurrido así en los últimos años, cuando se han podido realizar políticas sociales incluso generando superávit presupuestarios.

Pero el déficit y la deuda que se está acumulando no se producen por gusto o por causa de los propios gobiernos. Es bien sabido que se han producido, en muchos países del mundo, al hacer frente al desaguisado que han provocado los bancos y los fondos financieros especulativos en los últimos años. Bien porque han dedicado grandes cantidades de recursos públicos a ayudar a los propios bancos, bien porque ha sido imprescindible que el gasto público supliera con urgencia la extraordinaria caída del gasto privado que produjo el racionamiento del crédito cuando, al mismo tiempo, mermaban los ingresos públicos.

Los superávit de años anteriores bien pronto han resultado insuficientes y los gobiernos han debido recurrir a emitir títulos de la deuda para financiar los déficit. Títulos que en su gran parte suscriben los bancos y, también en gran medida, con el propio dinero que los gobiernos o los bancos centrales han puesto y siguen poniendo a su disposición con el fin de que volvieran a financiar a las economías.

De esa forma no solo se impide que el crédito bancario vuelva a fluir a las empresas y a los consumidores sino que los bancos hacen un doble negocio redondo. Por un lado, ganan alrededor de un 5% suscribiendo deuda pública con un dinero que a ellos les cuesta en torno al 1%. Y no solo eso: como años atrás se encargaron de conseguir que despareciera la banca pública y que los bancos centrales financiaran a los gobiernos, se vuelven ahora imprescindibles a la hora de colocar la deuda. Y gracias a ello se permiten imponer condiciones a los gobiernos que les prestan: reducción de los gastos que ellos no necesitan, reformas laborales, planes de estabilidad..., gracias a la cuales disfrutarán de mejores condiciones en el futuro para seguir ganando dinero, aunque esto se produzca a costa de la economía productiva y de la creación de riqueza en general. Las situación ya es de por sí terrible. Los gobiernos están manos de quienes provocaron la crisis justamente porque han tratado de aliviar los daños que causaron. Pero lo peor es que no termina ahí.

Sin haber modificado las reglas del juego financiero de los últimos años, los fondos de inversión especulan contra estos gobiernos, que han de hacer piruetas para poder vender su deuda manteniendo al mismo tiempo a flote unas economía que, carentes de suficiente y adecuada financiación, no pueden levantar cabeza. La simple amenaza de que no van a suscribir la deuda por temor a no cobrarla (aunque no haya nada objetivo que pueda justificar ese temor) es suficiente para que aumente su rentabilidad y obligue a los gobiernos a ponerse a sus pies.

Y para cerrar el círculo de la extorsión, las agencias de calificación aparecen como los árbitros de la situación estableciendo, como vienen haciendo desde hace decenios, lo que se debe y lo que no se debe hacer para que los inversores confíen, en este caso, en la deuda que los gobiernos quieren colocar en los mercados.

Las agencias son compañías privadas corruptas, que no solo han errado en multitud de ocasiones provocando daños irreparables (como en Japón, en Tailandia o Corea donde sus manifestaciones precipitaron las crisis) sino que han mentido (como se acaba de demostrar en el Senado estadounidense: Wall Street and the Financial Crisis: The Role of Credit Rating Agencies), y que han actuado siempre al servicio de los poderosos que les pagan.

Las agencias de calificación son sencillamente un brazo más de los capitales que han provocado la crisis. Es una evidencia innegable que su complicidad fue decisiva para que se desencadenara la crisis de las hipotecas subprime. Y bien porque sus métodos de análisis son deficientes o porque no se realizan verdaderamente para dar luz a los inversores sino para proteger a quienes les pagan, lo cierto es que no han sabido anticipar ni las grandes crisis, ni las quiebras empresariales más estrepitosas, ni (como ocurrió, por cierto, en el caso griego) los problemas que se acumulaban en las finanzas de algunos estados.

La actuación de las tres agencias que controlan prácticamente la totalidad del mercado mundial favorece mucho a los financieros, al reducir sus costes y proporcionarle condiciones más ventajosas para recuperar sus capitales, pero no ha traído consigo criterios la estabilidad y la seguridad financiera. Todo lo contrario, su presencia e intervención es directamente proporcional a la aparición de crisis y perturbaciones de todo tipo. En realidad se han convertido en factores anticipativos, en desencadenantes ellas mismas de las situaciones que dicen quede tratan de prevenir.

Las agencias se han erigido en los árbitros de la economía mundial sin que ni siquiera se haya podido conseguir que hagan públicos sus criterios de evaluación o que asuman responsabilidad alguna por sus errores o complicidades y a pesar de que todo el mundo sabe que son jugadores que hacen trampas en todas las mesas en las que se sientan.

Fieles a sus dueños y a quienes las financian, gozan de una posición decisiva porque, por muy arbitrarias que puedan ser sus decisiones, cuando rebajan la calidad de la deuda de un país o su nivel de riesgo producen un casi inmediato encarecimiento de la deuda o simplemente la estampida de los inversores, empeorando de esa manera la situación, tal y como ha ocurrido en multitud de ocasiones.

Y así es como la agencias de calificación terminan gobernándonos. Cuando Lula de Silva se consolidaba como ganador por primera vez de las elecciones presidenciales en Brasil, George Soros decía que se iba a producir una de esas profecías que se autocumplen: los mercados pensaban que si ganaba Lula no pagaría la deuda y eso iría creando unas condiciones tan difíciles que, cuando ganara, iban a impedir efectivamente que pudiera pagarla. Y cuando se le decía que la difusión de ese planteamiento desde las agencias y los grandes inversores era antidemocrático porque equivalía a aceptar que los electores brasileños no eran realmente quienes tenían la capacidad de elegir a su presidente, Soros respondía que "en la Roma antigua, sólo votaban los romanos. En el capitalismo global moderno, sólo votan los (norte) americanos, los brasileros no votan", y eso gracias, precisamente, a estas agencias que determinan lo que deben hacer los gobiernos si quieren obtener los capitales que sus países necesitan para salir adelante, sobre todo, en momentos de dificultades o crisis.

Ahora vuelve a ocurrir los mismo en Grecia, en Portugal o en España. Nuestros gobiernos deben decidir y actuar para merecer el beneplácito de esas agencias, es decir, de los grandes financieros e industriales que las controlan más o menos directamente, y no, como ingenuamente podríamos creer, el de sus votantes y conciudadanos.

Lo que ahora quita el sueño a los presidentes y a sus ministros de economía es pensar en qué momento aparecerá una declaración de Standard and Poor, Moody´s o Fitch rebajando la solvencia de su país o la calidad de su deuda y para tratar de que eso no ocurra no les queda más remedio que someterse a sus dictados.

Que nadie se engañe. Las agencias, los financieros, los banqueros y los grandes industriales que están detrás de ellas, son los que realmente nos gobiernan. No es verdad que vivamos en una democracia. No lo será mientras que la ciudadanía no sea la que decide sobre las cuestiones económicas, los recursos públicos y las finanzas.

Juan Torrez López

Prospects for Obama’s “Global Zero”

A New Start


The nuclear summit yielded real progress on disarmament, but Obama’s hopes for “global zero” face a heavy burden of history.

Tara McKelvey







For decades no one could enter or leave Elektrostal without the permission of the Soviet security services. After World War II, the city (whose name means “electric steel”) had been chosen as a uranium-development site. Only 36 miles east of Moscow, Elektrostal became a closely controlled hub in the Soviet nuclear weapons program, and a kind of prison for scientists working on the project and their families.

Today, the situation is very different. Elektrostal lost its status as a closed city in 1991. The factories still produce nuclear fuel, but residents are free to come and go as they please, and factory safeguards have slipped dramatically.

The looser standards are on display at the Machine Building Plant on Karl Marx Street. The Plant is one of Elektrostal’s main factories, a major supplier for the nation’s fuel-rod industry. It is a crumbling, red-brick building surrounded by walls topped with rusted barbed wire. When I visited on a chilly October morning, I was met by the menacing glare of a tan-and-brown dog, who was hardly an obstacle to anyone determined to enter the building.

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With the collapse of the Soviet Union in 1991, serious concerns emerged about “loose nukes”—the possibility that nuclear weapons or materials could be stolen by criminals or terrorists. In response Congress created the Nunn-Lugar Cooperative Threats Reduction Program (1992), an ambitious attempt to provide human and financial resources to the former Soviet republics, which suddenly found themselves with large stockpiles of nuclear material. Despite these early efforts, more than a thousand incidents of nuclear smuggling have occurred since 1993, according to the United Nations’ International Atomic Energy Agency. A number of these thefts have occurred at the Machine Building Plant. In 2001 a group including two former Russian Ministry of Interior police officers tried to sell a kilogram of low-enriched uranium stolen from the Plant, and in 2006 a Plant supervisor sold five kilograms of uranium fuel pellets to undercover police officers.

After Nunn-Lugar, the loose-nukes issue languished for nearly twenty years. Now President Obama has taken the first serious steps to refocus attention on it. This April’s Global Nuclear Security Summit concentrated on efforts to lock down nuclear stockpiles, and achieved some achieved some important victories. Ukrainian President Viktor Yanukovych announced that his country would dispose of all of its highly enriched uranium, eliminating the possibility that terrorists will gain access to the material. Dozens of leaders made other specific commitments.

Officials in both the United States and Russia still approach the issue of nuclear arms as if only a blink away from a showdown.

Obama’s efforts on nuclear weapons have not been confined to loose nukes. He and Russian President Dmitri Medvedev signed a new Strategic Arms Reduction Treaty (START) that promises to cut the number of nuclear warheads in Russia and in the United States. And the Nuclear Non-proliferation Treaty will be reviewed in May at the United Nations.

While the proximate concern is nuclear terrorism—Obama has warned that terrorists are “determined to buy, build, or steal” a nuclear weapon—the larger goal is “global zero,” a world without nuclear weapons. In pursuit of that goal, Obama has generated a level of activity around the nuclear threat that is without recent precedent.

Still, the obstacles to achieving these ambitious aims are considerable. In Washington many officials, guided by unilateralist ideas about national security, cling to a robust U.S. arsenal. And while Obama and Medvedev have reached an agreement on a new START, Republicans may hold up its ratification when the treaty is submitted to the Senate later this year. The administration itself is filled with hawkish holdovers from the Bush era and new blood who support the status quo either because they think it is sound, or because they prefer to concentrate on domestic issues.

For their part, Russian officials feel manipulated and betrayed by their U.S. counterparts, regardless of who is in the White House. Obama and Medvedev may have joked around during the START signing in Prague—highlighting their “personal chemistry,” as Medvedev described it—but their warm feelings are not shared by many of their colleagues. Prime Minister Vladimir Putin is famously hostile toward the United States and has stalled negotiations over nuclear arms. Following his example, many high-ranking Russian officials have been looking quietly for ways to undermine the new START.

Yet the overarching impediment to improved nuclear security and progress in disarmament is neither congressional cost-benefit analysis nor the stubbornness of Russian leaders, but rather the heavy burden of history.

Officials in both countries approach the issue of nuclear arms as if only a blink away from a showdown. Still frozen in a Cold War mindset, Russian officials believe that maintaining a strong arsenal is of paramount importance and that no nation that is serious about defense would jettison its nuclear weapons. They view the notion of sweeping nuclear disarmament as a fantasy, “a concern only of rich Americans,” explains Mikhail Tsypkin, a Moscow native who teaches at the Naval Postgraduate School in Monterey, California.

Russians are certain that global zero will never happen. They argue that even if Americans agreed to get rid of their own nuclear warheads, other countries would balk. After all, in a nuclear weapons-free world, the United States would remain the most powerful nation. Russians are also more relaxed than Americans about the possibility of a nuclearized Iran. “It’s like what they used to say in the gulag,” Tsypkin says. “‘You die today, I die tomorrow.’”

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With Russian disco blaring in the cafeteria, a blocky Soviet-era design, and a rotary phone in one of the halls, the Center for Arms Control Studies at the Moscow Institute of Physics and Technology has a distinctively ’70s feel. An aura of the Cold War permeates the sprawling campus.

“It was spying, to some extent,” the Center’s director, Anatoli Diakov, tells me. His pale blue eyes dart surreptitiously around the room as he shows me how American inspectors verifying compliance with START act during their visits to Russian nuclear facilities. He is convinced they are gathering intelligence on the nation’s defense program.

Diakov may seem overly suspicious about the U.S. officials who visit Russia, but he has his reasons. Tensions between the countries have led officials at the Kremlin to crack down on its own arms-control researchers. A few years ago, one of Diakov’s colleagues, a researcher named Igor Sutyagin, came under suspicion of espionage. Sutyagin was working in Moscow for a British consulting group, and prosecutors claimed, not improbably, that the company was a front for the British intelligence services and that he had been working for the CIA.

Agents with the Federal Security Service (or FSB), the successor to the KGB, questioned Sutyagin and examined colleagues’ files. They confiscated computers from the Center. During their investigation agents discovered $30,000 at Sutyagin’s house. His friends said he was foolish to keep so much cash at home, since it raised the suspicions of the FSB, but everyone who knew him was adamant about one thing: he did not have access to classified information. Whatever he may have given to the British consulting company, or even to the CIA, had been culled from open sources. In other words, say his friends and colleagues, he did not reveal state secrets. For the FSB agents, that was beside the point. An arms-control researcher could copy down a timetable at a Moscow train station and give it to the Americans, one of Sutyagin’s colleagues explained, and he would be arrested for espionage.

Sutyagin was found guilty of treason in 2004 and sentenced to fifteen years hard labor. His arrest had a chilling effect on Russian researchers. Many operate in secret offices tucked away around Moscow and remain extremely careful about what they publish. They use extensive footnotes in their articles and books in order to demonstrate that they have relied on open sources for their material and cannot be accused of revealing state secrets.

At the Institute of World Economy and International Relations, Alexander Pikayev writes reports for the Kremlin in a small room on the twentieth floor. The elevator stops at the eighteenth floor, and he walks up two flights. The office building was designed during the Cold War. These days, his door remains locked at all times.

Nearly twenty years after the Cold War ended, he is as zealous as his predecessors about keeping his papers safe and equally cautious when speaking with Americans. He is wary of the Obama administration, and points out ways that Americans continue to upgrade their nuclear arsenal and hinder the progress of arms control. Like researchers and officials throughout Moscow, though, Pikayev also has misgivings about the Kremlin. The arrest of Sutyagin, he explains, was “politically motivated” and was “part of closing doors and re-establishing state authority over non-governmental organizations.”

The officials in Moscow are paranoid and brutal. “The bottom line is that there are major, unresolved issues after the breakup of the Soviet Union,” Georgetown political scientist and former National Intelligence Council officer Angela E. Stent says.

At the global level, the Russians are the weaker opponents. They have fewer weapons and less money than the Americans, and they control a less formidable conventional force. When it comes to disarmament, the officials in Washington hold the cards, and they are reluctant to give them up. Neither side has a monopoly on obstructionism, nor, as Stent points out, on anxiety. “There is a lot of mutual suspicion,” she says, “a lot of concern about other’s intentions.”

The need for sharing, however, is great. What if terrorists blew up a dirty bomb in an American city, and scientists traced the material back to Russia? As the situation currently stands, the scientists would have no way of knowing whether the material had been sold or stolen. What would Obama do?

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The new START has been heralded as a milestone in nuclear diplomacy. In an op-ed, Senator John Kerry wrote, “this treaty will make our world safer.” A New York Timeseditorial echoed those sentiments, calling it an “important [step] to make the world safer.” And a Wall Street Journal reporter described it as “the most significant arms-control treaty in nearly two decades.” Even before the signing, The Washington Post, Associated Press, and other news organizations breathlessly informed their readers that once the treaty was ratified, the nuclear arsenals of both Russia and the United States would be reduced by a third.

In fact, the agreement will make a much smaller difference. It will restrict both nations to 1,550 deployed strategic warheads, which means a real reduction. But both countries have hundreds of additional “non-strategic” nuclear weapons, designed for use against a modest nearby target rather than an entire distant city. Although their yields make them less destructive, these weapons still are terribly lethal. “In the real world, a nuclear weapon is a nuclear weapon,” says Pierce Corden, a former State Department office director in the Arms Control Bureau. “Just like a rose is a rose.”

According to Hans Kristensen of the Federation of American Scientists (FAS), when all warheads are taken into account, the new START reduces Russia’s nuclear inventory by a mere 8 percent and the United States’s by even less—5 percent.

The strongest resistance to Obama’s plans for global zero comes from defense leaders who are hard-wired to push for bigger and better weapons.

Arms-control advocates hope for another round of deeper cuts, but that seems unlikely, at least in the near future, since a hollowed-out State Department, bureaucratic inertia, and recalcitrance at the Pentagon make it hard to get things done. One key office, the Bureau of International Security and Nonproliferation at the State Department, lacks a permanent director, and until recently few people working on the issue seemed charged up. Daryl Kimball, Executive Director of the Arms Control Association, recalls the “lack of passion” when a State Department official spoke about the president’s agenda. “He was ticking off things on a to-do list. It wasn’t, ‘We need to act now.’” Part of the problem, Kimball says, is that arms control became “a policy backwater” during the Bush years. “The Bush administration gutted [arms-control] offices, transferred people to other places and took away a lot of State Department arms-control expertise.”

Obama and his allies are not only working against weakened federal agencies, but also against skeptical officials. More than 140 political appointments under Bush were converted into career positions, according to a May 2006 report from the Government Accountability Office. These individuals remained in their jobs after Bush left the White House. Whether they are working specifically on arms control or on other issues, their presence has had an impact on the federal agencies and slowed down the process toward a nuclear agreement. Many mid- and upper-level officials at the Department of Energy, the Department of Defense, and other federal agencies have spent their careers pursuing an upgrade of the nation’s nuclear arsenal.

At the Department of Energy’s National Nuclear Security Administration (NNSA), for example, officials argued for years on behalf of the so-called Reliable Replacement Warhead—a new-and-improved version of the old model—until Congress finally turned down their requests. The head of the NNSA, Tom D’Agostino, is a holdover from the Bush administration who, in the past, was among those pushing for the Reliable Replacement Warhead. He has recently pledged his loyalty to the new boss, “but you know how it is,” FAS’s Kristensen says. “I don’t know if he’s going to pursue the same [old] agenda quietly.”

The strongest resistance to Obama’s plans for global zero comes from a group of defense leaders who are hard-wired to push for bigger and better weapons. Defense Secretary Robert Gates was a supporter of the Reliable Replacement Warhead, and, as Ron Rosenbaum reported in Slate last August, some top military officials have also attempted to impede progress on disarmament. Air Force General Kevin P. Chilton, who took over United States Strategic Command in October 2007 and remains in that job, “comes close to insubordination by saying, ‘We’re going to have nuclear weapons in this country for the next one hundred years,’” Kristensen suggests. “I have heard him say, ‘For as long as the United States exists.’”

Public statements such as these, made by prominent military officials, undermine Obama’s agenda. In his Nuclear Posture Review—the president’s official position on nuclear policy—Obama placed additional limits on when the United States could use nuclear weapons against another nation and renounced the development of new weapons.

Perhaps in an attempt to win the support of his opponents, Obama has crafted a policy that leaves plenty of room for the United States to launch a nuclear attack. Under the Obama nuclear posture, the United States will not launch a strike against a country that does not possess nuclear weapons, but it reserves the right to do so—under certain circumstances—against Iran and Syria, neither of which are known to have such weapons at this time. “Are we committing to a continuation of the nuclear era?” Kristensen asks, “or are we taking concrete steps to the elimination of nuclear weapons?”

It is a question that many have been asking, with increasing impatience, since the end of the Cold War. However, the culture of arms control, in Washington and in Moscow, is dominated by people who seem unconcerned—cold warriors who live in fear of a nuclear attack and are devoted to stockpiling and modernizing warheads. Their anxiety puts arms-control researchers in Moscow behind locked doors and imposes significant hurdles to attempts at disarmament and control of nuclear materials.

Yet the biggest threat to both nations comes not from each other, but from a rogue element outside the arms-control arena. Whether the threat originates with al Qaeda or a loosely organized terrorist group, the individuals behind it can exploit the discord between the two largest nuclear powers. Meanwhile, vast repositories of highly enriched uranium and other dangerous material—roughly 1,850 metric tons of the stuff, enough to make tens of thousands of bombs—are lying around the world in places like the Machine Building Plant in Elektrostal, guarded by nothing more than a tan-and-brown dog chained to a wall.


EURO BLACK- BOX.Our comment on WSJ today

[athens0429]
The euro has become a black- box, actually being tested, without any knowledge of its internal workings… There is no effective mechanism in place to enforce the fiscal rules, and the European central bank has no power to buy government debt.

29.4.10

El mismo amor los mismos derechos.

El mismo amor, los mismos derechos from Inadi on Vimeo.

O efeito Obama e o futuro da democracia


O efeito Obama e o futuro da democracia.A sessão terá lugar em Lisboa, no próximo dia 6 de Maio, pelas 17h30, no Goethe-Institut (InstitutoAlemão), sito Campo dos Mártires da Pátria, 37.


É preciso criar a pátria portuguesa


Um contributo de retribuição para o Renato Teixeira
Devo a Portugal aquilo que sou/uma dívida imensa/ maior que a própria vida/


Alemania mantiene sus dudas pese a la insistencia del FMI y el BCE


Las reuniones al más alto nivel celebradas ayer en Berlín entre las autoridades alemanas y los responsables de las instituciones financieras internacionales no aclararon el panorama en torno a la crisis en la que se encuentra sumergida Grecia y que se va extendiendo peligrosamente a otros estados de la zona euro. Ni el Fondo Monetario Internacional ni el Banco Central Europeo lograron que Angela Merkel diera el sí definitivo al rescate de las finanzas griegas.

Si todavía quedaba alguna duda sobre el papel preponderante de Alemania en la evolución de la crisis financiera griega, la jornada de ayer sirvió para despejarla, ya que fue Berlín -ni Atenas, ni Bruselas ni Francfort; esta última, sede del Banco Central Europeo (BCE)- la capital que acogió las dos reuniones que más influencia pueden tener en el devenir de los acontecimientos económicos que están sacudiendo gravemente a la República Helena y, también de forma directa, a la estructura monetaria de la Unión Europea.

En la capital alemana se encontraron los representantes del Bundestag (la Cámara Baja del Parlamento alemán) con los presidentes del Fondo Monetario Internacional (FMI), el francés Dominique Strauss-Kahn, y del BCE, su compatriota Jean-Claude Trichet. A continuación, la canciller Angela Merkel recibió, entre otros, a Trichet, a Strauss-Kahn y al presidente del Banco Mundial (BM), el estadounidense Robert Zoellick.

Antes de que se produjeran esas dos citas, y mientras el Gobierno de Yorgos Papandreu negociaba con el FMI los flecos del «rescate», los mercados amanecían augurando otra oscura jornada: la deuda griega a largo plazo superaba el 11% de interés, índice nunca alcanzado por un miembro de la Eurozona; las bolsas asiáticas cerraban con fuertes descensos y las europeas se preparaban para otro batacazo, aunque al cierre el descenso fue menor que el del precedente «martes negro»; y el euro cotizaba a 1,3143 dólares, el cambio más bajo en un año respecto al billete verde.

No era mucho mejor el despertar en Lisboa y Madrid. En la capital portuguesa, los kioskos mostraban titulares de primera página cargados de preocupación: «Especuladores fuerzan un nuevo apretón de cinturón», en «Correio da manhâ»; «Intereses de Portugal iguales a los de Grecia cuando ésta pidió ayuda», en «Público»; o «Deuda portuguesa fuerza encuentro entre Sócrates y Passos Coelho», en referencia al primer ministro y al líder de la oposición, en «Diário de Notícias». Precisamente, ambos políticos se reunieron por la mañana y decidieron que trabajarán juntos para «contrarrestar el ataque especulativo sin fundamentos» que sufre el país.

Por su parte, el Gobierno español -sin ninguna posibilidad de alcanzar un mínimo consenso con el PP en materia económica, como quedó reflejado en la sesión de control en el Congreso, en la que Mariano Rajoy tildó de mentiroso a José Luis Rodríguez Zapatero- intentaba permanecer a flote tras constatarse oficialmente que el 20% de la población activa se encuentra en situación de desempleo. Y Zapatero, presidente de turno de la UE, urgía a celebrar cuanto antes la anunciada cumbre especial de la UE. Cumbre que, según el presidente permanente de la Unión, Herman Van Rompuy, se llevará a cabo «en torno al 10 de mayo».

El día podía empeorar y lo hizo a media tarde, cuando Standard & Poor's rebajó la calificación de la deuda española, como había hecho el día anterior con la portuguesa y con la griega. A esta última la dejó en la categoría reservada a los «bonos basura», de la que todavía están lejos la española y la portuguesa.

Filtraciones sin confirmación

Tras la primera de las reuniones en Berlín, los representantes del Bundestag elevaron mucho el listón del rescate que necesita Grecia al comentar que, más allá de los 45.000 millones de euros que están dispuestos a prestar el Eurogrupo y el FMI para cubrir la falta de liquidez a corto plazo, Atenas necesitará entre 100.000 y 135.000 millones de euros de aquí a finales de 2012.

Según indicó el líder parlamentario de Los Verdes, Juergen Trittin, tanto la parte alemana como el FMI y el BCE estarían dispuestos a liberar esas ayudas y, aunque no precisó las nuevas condiciones que impondrán, lanzó una clara advertencia: «Grecia permanecerá de facto tres años alejada de los mercados financieros». Además, fuentes de la CDU, el partido de Merkel, explicaron a Europa Press que el BCE y el FMI descartaron incluir al sector bancario en el paquete de ayudas, lo que habría sido planteado por los legisladores germanos.

Trichet y Strauss-Kahn fueron más cautelosos y no dieron por sentado que esas ayudas estuvieran ya cerradas. Es más, el presidente del BCE dejó la pelota en el tejado del Bundestag al remarcar que «Alemania tiene la absoluta necesidad de decidir rápidamente» sobre la eventual ayuda a Grecia, mientras que el responsable del Fondo Monetario Internacional advertía que la crisis financiera helena se agrava cada día y que lo que está en juego es la confianza en el conjunto de la Eurozona.

En el encuentro también participó el ministro germano de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quien adelantó que su Gobierno presentará el lunes un proyecto de ley, que se votará en los días siguientes por el Bundestag, para dar luz verde a un préstamo de 8.500 millones de euros, cantidad que corresponde a Berlín de los 30.000 millones comprometidos por el Eurogrupo.

Posteriormente tuvo lugar la aparición estelar de Merkel, quien se colocó ante micrófonos y cámaras acompañada de Strauss-Kahn. La canciller no disipó las especulaciones sobre la titubeante posición de una Alemania que, si bien asegura estar dispuesta a salir al rescate de Grecia, no acaba de dar el visto bueno a los planes de ajuste que presenta sucesivamente el Gobierno de Papandreu.

Merkel se limitó a declarar que «es evidente» que las negociaciones entre el Gobierno griego, la Comisión Europea y el FMI «deben acelerarse», aseguró que Alemania «hará su aporte para asegurar la estabilidad del euro» y reiteró que la ayuda sólo se activará cuando Atenas acepte el «exigente plan» que prepara el FMI.

Así las cosas, a Strauss-Kahn le correspondió utilizar un lenguaje más crudo. «Va a ser doloroso para el Gobierno y para el pueblo griego; la recuperación no se va a dar de la noche a la mañana», manifestó. Preguntado sobre las cifras aireadas poco antes por algunos parlamentarios alemanes, el director de FMI esquivó la respuesta directa: «Todas las cifras que circulan hoy no deberían circular».

Strauss-Kahn también fue cuestionado sobre las declaraciones que ayer mismo hizo el presidente del influyente Instituto de Investigación Económica (IFO, por sus siglas en inglés), Hans-Werner Sinn, quien aseguró que Grecia nunca reembolsará la ayuda financiera.

Sinn, en consonancia con lo que cree la mayoría de la opinión pública de su país, dijo que Grecia «no será capaz de llevar a cabo la necesaria política de rigor» y, al final, volverá «para solicitar a Alemania la anulación de la deuda». Incluso fue más allá y aconsejó a Merkel que no se deje influir por las presiones de «quienes a su vez forman parte de la categoría de los pecadores». «Que los italianos, los españoles, nos presionen para que paguemos sin condiciones ahora [a Grecia] es comprensible, porque es un precedente importante para ellos», añadió. Strauss-Kahn replicó que «no hay precedente de que un préstamo del FMI no haya sido reembolsado en el pasado».

Atenas rechaza aplicar nuevos recortes en los salarios

El Gobierno de Yorgos Papandreu intentó trasladar ayer a la ciudadanía griega una posición, si no de fuerza, al menos de respeto por su soberanía económica ante las constantes presiones que está recibiendo por parte de la Comisión Europea, del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario, que coinciden en reclamar que Atenas suprima «las ventajas salariales» en el sector privado, una vez que ya lo ha hecho con el funcionariado.

«Lo esencial de las discusiones concierne a la política salarial, a los meses decimotercero y decimocuarto; reclaman su supresión, lo que no hemos aceptado», indicó el ministro de Empleo, Andreas Loverdos, a la salida de una reunión con el presidente de la Unión Griega de Industriales (SEV). Según indicó la agencia France-Presse, el ministro explicó que la supresión de esos dos meses -equivalentes en cierta medida a las pagas extra en el Estado español- se traduciría en un déficit en términos de cotizaciones sociales de 2.000 millones de euros.

En un primer paquete de medidas de austeridad adoptadas en marzo, el Gobierno griego ya suprimió varias primas y la casi totalidad del decimocuarto mes del salario en el sector público. En realidad, ese mes extra se traslada al salario anual bajo la forma de primas que se abonan coincidiendo con las fiestas de Pascua y en las vacaciones de verano.

Precisamente, ante los sucesivos anuncios de nuevos recortes salariales, los sindicatos han convocado una huelga general para el próximo miércoles, 5 de mayo.

Por su parte, Papandreu optó por un mensaje más comedido, ya que dijo que «el Gobierno griego afronta sobre sus hombros una gran responsabilidad nacional y también una responsabilidad ante Europa, y la asumimos completamente». No obstante, el primer ministro añadió que «la Unión Europea (UE) y los países del grupo del euro deben evitar que el fuego, que ha crecido debido a la crisis mundial, se propague a toda la economía europea y mundial».

Grecia y la cuarta etapa de la crisis





Como hemos podido ver, la crisis estadounidense contagiada mundialmente tiene cuatro etapas. Primero fue la crisis financiera que se inició en agosto de 2007 cuando Paribas y dos bancos alemanes anunciaron que ellos también tenían problemas con inversiones en bonos estadounidenses. Este fue el prolegómeno a lo que sería la brutal caída de las bolsas entre octubre del 2007 y septiembre del 2008, cuando se hizo público que las acciones bancarias no valían nada porque, entre otras cosas, habían invertido en instrumentos basura emitidos por los propios bancos de inversión. Esto fue posible porque los bancos comerciales prestaron a personas sin calificación de riesgo y luego vendieron esos instrumentos a los bancos de inversión. Las empresas calificadoras de riesgo les dieron la luz vede para hacerlo porque son de propiedad de empresas que dan servicios a la banca. Esa etapa está hoy bajo investigación en el congreso de los Estados Unidos y no es muy distinta a otras crisis financieras en el mundo. Acabará con algunos banqueros en la cárcel y algunas nuevas regulaciones.

La segunda etapa se inició cuando los bancos comerciales tomaron nota de que los otros bancos comerciales estaban en mala posición y que su exposición en las bolsas de valores podía ponerlas en riesgo. Esta es la etapa del credit crunch. El crédito se cerró y los mercados financieros de toda la noche se vieron devastados. Ningún banco estadounidense depositaba seriamente dinero de toda la noche en otro banco estadounidense o europeo. El efecto fue que el financiamiento del comercio se secó y se tropezó el comercio internacional hasta con un 30% de caída. Afectó inclusive el comercio intrarregional suramericano, porque se efectúa mediante cartas de crédito confirmadas en dólares en Miami. De acá surgieron los pagos en moneda nacional de algunos países y las ideas sobre integración financiera avanzaron en distintas regiones del mundo.

La tercera fue en el 2009, cuando la recesión pegó como consecuencia de la caída del comercio. Para países donde hay relación entre el comercio y el crecimiento, que son los más industrializados, el golpe fue evidente. En ese momento, marzo del 2009, estuvo claro que los países ricos estaban altamente endeudados y que estaban poniendo en marcha políticas contracíclicas para salir adelante, pero su espacio fiscal era mínimo. También se hizo evidente que los acreedores internacionales globales son las economías en desarrollo y que los grandes deudores son las economías maduras. El modelo económico global vigente llegó a su tope y las interrogantes de “¿y ahora cómo seguimos?” se abrieron. Las monedas de las economías emergentes se fortalecieron como efecto de sus reservas crecientes y las monedas de economías de las economías más maduras se devaluaron fruto de sus déficits. El gran deficitario global es Estados Unidos, lo que puso el papel del dólar en cuestión. Mas, tras el salvamento bancario de 700.000 millones de dólares sin respaldo, el presidente del Banco Central estadounidense Ben Bernanke se ganó el apodo de “Helicóptero” porque tiraba dólares desde el cielo, decían los analistas.

La cuarta etapa, iniciada con la crisis griega hace algunos meses, refleja el impacto diferido sobre los ingresos fiscales: llega la recesión. Es decir, un año se decelera la tasa de crecimiento de la economía y al año siguiente, cuando se recuperan los impuestos directos, estos son menos de lo requerido para mantener el ritmo de gasto público. En la fase de crecimiento las economías tomaron prestado para acelerar el consumo interno –es el modelo económico vigente– y el sobreconsumo llega al punto de tener que devolver lo que se tomó prestado. La urgencia de políticas contracíclicas acompaña a la escasez fiscal, acentuándose la recesión. Terminada la cuarta etapa recién se entra en el inicio de la salida de la crisis.

Todos los pronósticos son que las economías más maduras crecerán muy poquito en la década que se abre, porque los consumidores sobreendeudados comenzarán a pagar lo que tomaron prestado para ese sobreconsumo. Esto es más cierto para Estados Unidos que para Europa, pero es cierto para ambos. En la lista de los sobreendeudados están, además de Grecia, Portugal, España e Irlanda, Gran Bretaña, Estados Unidos y otros europeos.

La interesante y novedoso es que hay una especulación contra el euro desde la libra y desde el dólar. Si ganan, desaparece el euro; si pierden, se debatirá una nueva moneda de reserva con mas ahínco. La discusión ya está sobre la mesa. La L del PIB está en curso, parece que la W de las bolsas de valores también. Lo dicho, no hay auge de bolsas sin crecimiento económico. Vale la pena seguir el índice de la bolsa de Shangai para ver si los chinos también son arrastrados por el movimiento global de capitales o si sus controles de capital de corto plazo les llegan a proteger de estos vaivenes.

Greece: Who Needs "Success Estonian Style"?



As I have noted previously, Latvia has experienced the worst two-year economic downturn on record, losing more than 25 percent of GDP. It is projected to shrink further during the first half of this year, before beginning a slow recovery, in which the International Monetary Fund (IMF) projects that it will not reach even its 2006 level of output by 2015 -- nine years later.

With 22 percent unemployment, a sharp increase in emigration, and cuts to education funding that will cause long-term damage, the social costs of this trajectory are also high.

By keeping its currency pegged to the euro, the government gives up the opportunity to allow a depreciation that would stimulate growth by improving the trade balance. But even more importantly, maintaining the peg means that Latvia cannot use expansionary monetary policy, or expansionary fiscal policy, to get out of recession. (The United States has used both: in addition to its fiscal stimulus and cutting interest rates to near zero, it has created more than 1.5 trillion dollars since the recession began).

Some who believe that doing the opposite of what rich countries do -- i.e. pro-cyclical policies -- can work point to neighboring Estonia as a success story. Estonia has kept its currency pegged to the euro and, like Latvia, is trying to accomplish an "internal devaluation." In other words, with a deep enough recession and sufficient unemployment, wages and prices can be pushed down. In theory this would allow the economy to become competitive again, even while keeping the (nominal) exchange rate fixed.

But the cost to Estonia has been almost as high as in Latvia. The economy has shrunk by nearly 20 percent. Unemployment has shot up from about 2 percent to 15.5 percent. And recovery is expected to be painfully slow: the IMF projects that the economy will grow by just 0.8 percent this year. Amazingly, by 2015 Estonia is projected to still be less well off than it was in 2007. This is an enormous cost in terms of lost actual and potential output, as well as the social costs associated with high long-term unemployment that will accompany this slow recovery. And despite the economic collapse and a sharp drop in wages, Estonia's real effective exchange rate was the same at the end of last year as it was at the beginning of 2008 -- in other words, no "internal devaluation" had occurred.

Yet Estonia is being held up as a positive example, even used to attack economists who have criticized pro-cyclical policies in Latvia. The reason is that Estonia has not had the swelling deficit and debt problems that Latvia has had in the downturn. Its public debt of 7 percent of GDP is a small fraction of the EU average of 79 percent, and its budget deficit for 2009 was just 1.7 percent of GDP. It is therefore on its way to join the Euro zone, perhaps adopting the Euro at the beginning of next year.

How did Estonia manage to avoid a large increase in its debt during this severe downturn? First, the government had accumulated assets during the expansion, amounting to some 12 percent of GDP; and it was also running a budget surplus when the recession hit. And it has received quite a bit in grants from the European Union: in 2010, the IMF projects an enormous 8.3 percent of GDP in grants, with 6.7 percent of GDP the prior year.

Greece, unfortunately, is not being offered any grants from the European Union or the IMF. Their plan for Greece is all about pain and punishment. And with a public debt of 115 percent of GDP and a budget deficit of 13.6 percent, Greece will be forced to make spending cuts that will not only have drastic social consequences but will almost certainly plunge the country deeper into recession.

This is a train going in the wrong direction, and once you go down this track there is no telling where the end will be. Greece -- like Latvia and Estonia -- will be at the mercy of external events to rescue its economy. A rapid, robust rebound in the European Union -- which nobody is projecting -- could lift these countries out of their slump with a huge boost in demand for their exports, and capital inflows as in the bubble years. Or not: Western European banks still have hundreds of billions of bad loans to Central and Eastern Europe from the bubble years. Some big shoes could still drop that would depress regional growth even below the slow recovery that is projected for the Eurozone. Germany, which has been dependent on exports for all of its growth from 2002-2007, could continue to soak up the regional trade benefits of a Eurozone and/or world recovery.

Now matter how you slice it, these 19th-century-brutal pro-cyclical policies don't make sense. They are also grossly unfair, placing the burden of adjustment most squarely on poor and working people. I would not wish Estonia's "success" on any population, simply because they avoided a debt run-up and are on track to join the Euro. They may find, like Greece -- as well as Spain, Ireland, Portugal, and Italy -- that the costs of adopting a currency that is overvalued for a country's level of productivity are potentially quite high over the long run, even after these economies eventually recover.

The European Union and the IMF have the money and the ability to engineer a recovery based on counter-cyclical policies in Greece as well as the Baltic states. If it involves a debt restructuring -- or even a haircut for the bondholders -- so be it. No government should accept policies that tell them they must bleed their economy for an indeterminate time before it can recover.

GREECE: Who Needs "Success Estonian Style"?
Mark Weisbrot

28.4.10

S&P Downgrades Spain


S&P cut Spain’s long term rating to AA today with a negative outlook. From Bloomberg:

S&P said in a statement today that the outlook on Spain is negative, reflecting the chance of a possible further downgrade if the “budgetary position underperforms to a greater extent than we currently anticipate.” Spain was last cut by S&P in January 2009.

The risk premium investors demand to hold Spanish bonds surged to the highest in more than a year today and the price of insuring Spanish bonds against default reached a record as doubts about Greece’s ability to pay its debt spilled over into Spanish and Portuguese markets…

“We now project that real GDP growth will average 0.7 percent annually in 2010-2016,” S&P said.

From the Wall Street Journal:

The ratings agency said that the Spain is likely to have an extended period of subdued economic growth, which weakens its budgetary position. The move sent equities in Spain the U.S. broadly lower, while the euro fell back to a one-year low against the dollar of $1.3131….

In addition, S&P took into account the possibility that Spanish public and private sector borrowing costs could remain elevated this year and next and further slow Spain’s recovery from the current recession.

S&P warned that “additional measures are likely to be needed to underpin the government’s fiscal consolidation strategy and planned program of structural reforms.”

Main factors dampening Spain’s medium-term growth prospects include private sector indebtedness, which S&P estimates is higher than that of many of Spain’s peers, as well as high unemployment, a fairly low export capacity, and an unwinding of the government’s fiscal stimulus as part of its current efforts to reduce general government deficit to 3% of GDP by 2013.

S&P Downgrades Spain

It’s not just Greece and Portugal.


Greek 2 Year Yields 20 Percent, Italy Up 6 Basis Points, Portugal Up 7 Basis Points, Spain Up 27 Basis Points

Washington’s Blog


As Simon Johnson reports:

This is not now about Greece (with 2 year yields reported around 20 percent today) or Portugal (up 7 basis points) or even Spain (2 year yields up 27 basis points; wake up please) or even Italy (up 6 basis points). This is no longer about an IMF package for Greece or even ring fencing other weaker eurozone economies.

This is about the fundamental structure of the eurozone, about the ability and willingness of the international community to restructure government debt in an orderly manner, about the need for currency depreciation within (or across) the eurozone. It is presumably also about shared fiscal authority within the eurozone – i.e., who will support whom and on what basis?

Standard & Poor’s downgraded Spain’s sovereign credit rating today from AA+ to AA, after recently slashing Greece’s rating to junk and lowering Portugal’s rating two notches from A+ to A-.

In related news, Eurozone sovereign credit default swaps widened somewhat Tuesday, but tightened again after the German finance minister said that Germany will rush through a disbursement of funds to Greece.

It is tempting to assume that this is just a Eurozone problem.

But that might be a very erroneous assumption. See this, this and this.