31.7.11

che resiste all'Europa
30.7.11

29.7.11
D'un capitalisme financier global à une régulation financière systémique
La prensa presenta la crisis de la deuda como un enfrentamiento entre dos filosofías o como una competencia frente a las elecciones de 2012, para esconder la realidad
28.7.11
e la "rotta" dell'euro
È stato già sottolineato da qualche commentatore come la crisi attuale dell’Europa sia nella sostanza di tipo politico, mentre si manifesta apparentemente soprattutto come crisi finanziaria...
[...] leggi
27.7.11
26.7.11
President Barack Obama speaks to reporters during a news conference about the nation's deficit and increasing the debt limit, at the White House in Washington on July 11, 2011. (Photo: Doug Mills / The New York Times)How can I say that? Easy. The problems of Nixon are still with us, and have grown worse by orders of magnitude through each successive administration. Certain presidents have exacerbated the situation beyond their expected purview, but generally speaking, each one has adopted the worst ideas of his predecessor, and in nearly every instance, has made those problems worse.
But this…this is too much.
The timeline as I...
25.7.11
ONDE PÁRA O "BOARD"?
Numa altura em que se acentua a passagem para um sistema disperso de propriedade,o contraste da perspectiva com o foco no accionista ou na rede de relações que determina o exercício do controlo,alterações em todos os domínios de acção e grupos de actores estruturantes -sistemas financeiros,de governação e de governo-a articulação do interesse público requer a adequada operacionalização de um modelo de governação que seja transparente e como tal apareça aos olhos de todos.Sem modelo de governação,sem transparência,confusão entre quem regula e quem é regulado, a crise na gestão acompanha a dos movimentos de capital sem fim nem limites e a preservação do controlo a qualquer custo.
El berlusconismo y el colapso de la democracia italiana. Entrevista[...]La personalización y la verticalización de la representación política son fenómenos extendidos, como el avance de las políticas antisociales y neoliberales. El resultado de estas políticas, agravado por una globalización sin reglas de la economía, es una notable restricción de las garantías de los derechos sociales, un aumento de las desigualdades y de la desocupación y una creciente desvalorización y precarización del trabajo, que ha venido acompañada de un auténtico hundimiento de las garantías de los derechos de los trabajadores.

Como cualquier otro ciudadano de Oslo, vagué por las calles y los edificios atacados. He visitado incluso la isla en la que fueron masacrados los jóvenes activistas políticos. Comparto el sentimiento de miedo y de dolor de mi país. Pero la cuestión sigue siendo por qué: esa violencia no fue ciega.
El terror en Noruega no ha venido de extremistas islámicos. Tampoco de la extrema izquierda, aunque ambos han sido acusados una y otra vez de constituir una amenaza interna para "nuestro modo de vida". Hasta ahora, incluyendo las terribles horas de la tarde del 22 de julio, el poco terrorismo que ha conocido mi país ha venido siempre de la extrema derecha.
Durante décadas, la violencia política en este país ha sido privilegio prácticamente exclusivo de los neonazis y otros grupos racistas. En los 70 atentaron con explosivos contra librerías de izquierda y contra una manifestación del Primero de Mayo. En los 80, dos neonazis fueron ejecutados bajo sospecha de haber traicionado a su grupúsculo. En las dos últimas décadas, dos jóvenes noruegos no-blancos murieron a causa de ataques racistas. Ningún grupo extranjero ha matado o herido a personas en territorio noruego, excepción hecha del servicio secreto de Israel, el Mosad, que asesinó por error a un inocente en Lillehammer en 1973.
Sin embargo, y a pesar de esos elocuentes antecedentes, cuando ahora nos golpeó este devastador terrorismo, las sospechas recayeron inmediatamente en el mundo islámico. Eran los jihadistas. Tenían que ser ellos.
Se denunció sin tardanza un ataque a Noruega, a nuestro modo de vida. Tan pronto se conoció la noticia, muchachas vestidas con hijabs y de apariencia árabe fueron acosadas por las calles de Oslo.
Natural. Durante al menos 10 años se nos ha contado que el terror viene del Este. Que un árabe es, por serlo, sospechoso; que todos los musulmanes están marcados. Regularmente, vemos cómo la seguridad aeroportuaria examina a gente de color en cuartos aparte; hay infinitos debates sobre los límites de "nuestra" tolerancia. En la medida en que el mundo islámico se ha convertido en "el Otro", hemos empezado a pensar que lo que les distingue a "ellos" de "nosotros" es la capacidad para matar civiles a sangre fría.
Hay, huelga decirlo, otra razón para que todo el mundo esté pendiente de al-Qaeda. Noruega ha sido parte en la Guerra de Afganistán durante 10 años, durante algún tiempo intervinimos también en la Guerra de Irak y ahora tiramos bombas sobre Trípoli. Cuando participas durante tanto tiempo en guerras foráneas, puede llegar un momento en que la guerra te visite a domicilio.
Mas, aun cuando todos sabíamos eso, apenas se mencionó la guerra cuando sufrimos el ataque terrorista. Nuestra primera respuesta arraigaba en la irracionalidad: tenían que ser "ellos". Yo temía que la guerra que librábamos en el exterior pudiera llegar a Noruega. ¿Y entonces, qué? ¿Qué pasaría con nuestra sociedad? ¿Con nuestra tolerancia, con nuestro debate público, y sobre todo, con nuestros inmigrantes y sus hijos nacidos en Noruega?
Pero no fue así. Una vez más, el corazón de las tinieblas anida en lo más hondo de nosotros mismos. El terrorista era un varón blanco nórdico. No un musulmán, sino un musulmanófobo.
Tan pronto quedó eso claro, la carnicería comenzó a ser discutida como obra de un loco; dejó de verse como un ataque a nuestra sociedad. Cambió la retórica; los titulares de los periódicos desplazaron el foco. Nadie habla ya de guerra. Se habla de un "terrorista", en singular, no en plural: un individuo particular, no un indefinido grupo fácilmente generalizable para incluir a simpatizantes o a cualquiera que caiga bajo una fantasía arbitraria. El terrible acto es ahora oficialmente una tragedia nacional. La cuestión es: ¿habría ocurrido igual de ser el autor un loco, pero de origen islámico?
Yo también estoy convencido de que el asesino está loco. Para cazar y ejecutar a adolescentes en una isla durante una hora, tienes que haber perdido la chaveta. Pero, lo mismo que en el caso del 11 de septiembre de 2001 o en el caso de las bombas en el metro de Londres, se trata de locura con causa, una causa que es tanto clínica como política.
Cualquiera que haya echado un vistazo a las páginas Web de los grupos racistas, o seguido los debates online de los periódicos noruegos, se habrá percatado de la furia con que se difunde la islamofobia; del odio venenoso con que escritores anónimos escupen contra los "pijoprogres" antirracistas y contra toda la izquierda política. El terrorista del 22 de julio participaba en esos debates. Ha sido un miembro activo de uno de los grandes partidos políticos noruegos, el partido populista de derecha Partido de Progreso noruego. Lo abandonó en 2006 y buscó su ideología en la comunidad de grupos antiislamistas de Internet.
Cuando el mundo creía que esto era obra del terrorismo islamista internacional, todos los hombres de Estado, desde Obama hasta Cameron, dijeron que estaban al lado de Noruega en nuestra lucha contra el terrorismo. Y ahora, ¿en qué consiste la lucha? Todos los dirigentes occidentales tienen el mismo problema dentro de sus fronteras. ¿Librarán una guerra contra el creciente extremismo de derecha, contra la islamofobia y el racismo?
Unas horas después de estallar la bomba, el primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, dijo que nuestra respuesta al ataque debería de ser más democracia y más apertura. Si se compara con la respuesta de Bush a los ataques del 11 de septiembre, hay razones para sentirse orgullosos. Pero tras la más terrible experiencia que haya conocido Noruega desde el final de la II Guerra Mundial, a mí me gustaría ir más lejos. Es necesario tomar pie en este trágico incidente para lanzar una ofensiva contra la intolerancia, el racismo y el odio, crecientes no sólo en Noruega, no sólo en Escandinavia, sino en toda Europa.
24.7.11

di Tel Aviv
Pestaggi, cariche della polizia a cavallo, una cinquantina di arresti e decine di contusi. Si è conclusa così la scorsa notte la marcia degli «indignados» di Tel Aviv che da diversi giorni occupano il boulevard Rotschild di fronte alla centrale Piazza Habima.
[...] leggi23.7.11

il ratto d'Europa
La mitologia ci racconta di una giovinetta, Europa. Zeus la vede, si trasforma in toro, la fa salire sul dorso, la porta oltre il mare a Creta, la possiede. Ai giorni nostri il toro è il simbolo dei mercati finanziari, e il ratto e la violenza d’Europa sono un’efficace metafora di quanto sta accadendo.
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Fondamentalista cristiano
è l'unico autore?
E' un orrendo massacro quello compiuto ieri nella capitale norvegese Oslo. Una potente bomba ha devastato tre edifici in centro uccidendo 7 persone, poi un uomo ha sparato contro una folla di ragazzi ammazzandone oltre 80 prima di essere catturato. E' un norvegese definito "fondamentalista cristiano" di estrema destra, secondo la polizia è anche responsabile della bomba.
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Why All the Wrangling Over the Debt Ceiling?
In light of the fact that in the ongoing budget negotiations President Obama and the Republican leaders share the common objective of drastically cutting non-military social spending, all the bickering between the two sides seems somewhat puzzling. Considering that their targeted cuts in social spending are almost identical, why do they squabble so much?
In the days when the Democrats and Republicans had marginally different positions regarding fiscal policy, the debate between the two parties over budgetary issues was easy to understand. The Democrats would start from the center left, the Republicans from the center right, and they would usually end up at the center. It was a very subtle division of labor as the two sides provided political cover for each other's positions or posturing.
The wrangling during the current budget negotiations, however, is somewhat different: it is prompted not so much by a clash of differing positions on the two sides as it is by a competition over the same or similar position by both parties—a competition to win the hearts and minds of the Wall Street bigwigs. The Republicans are angry because they feel that the president has broken traditional rules of the bipartisan game, and has staked out their customary position on the right. And Mr. Obama is incensed because the Tea Partiers within the Republican Party are not playing by the conventional rules, and are not providing him with the tax cover he needs in order to justify his bigger-than the Republicans' cuts in social spending.
22.7.11

The Agreement reached yesterday by Europe’s political and financial elites is meant to tackle, once and for all, the Greek debt problem. Just as in May 2010 the idea was that intra-eurozone contagion could be prevented by ringfencing Greece (recall the first Greek bailout, the creation of the European Financial Stability Facility, the EFSF, and the ‘radical’ step of having the ECB purchase peripheral bonds in the secondary markets), so too at present our great and good leaders have deemed it necessary to have a second stab at the ‘ringfencing’ problem, given the abject failure of their first attempt fourteen months ago. Continue reading →
Seabound cities and Mediterranean ports, Matan Mayer, Yonatan Cohen and Rafi Segal














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